lunes, octubre 08, 2007

About Writing

(...) La historia -el producto que uno puede vender- se vuelve más importante que el acontecimiento real.
Un peligro de esto es que podemos pasar a toda prisa por la vida, soportando un acontecimiento tras otro, con el simple objeto de crear nuestra lista de experiencias. Nuestra reserva de historias. Y nuestra ansia de relatos puede acabar reduciendo nuestra conciencia de la experiencia en sí. Igual que desconectamos después de ver muchas películas de acción y aventuras. Nuestra química corporal no puede tolerar tanta estimulación. O bien nos defendemos inconscientemente fingiendo que estamos presentes y actuamos como "testigos" distantes o periodistas de nuestra propia vida. Y al hacer eso, dejamos de sentir emociones o de tomar parte activa. Siempre estamos sopesando cuánto vale la historia en efectivo.
Otro peligro es que este pasar a toda prisa por las cosas puede darnos un entendimiento falso de nuestra propia capacidad. Si ocurren cosas que nos ponen a prueba y las experimentamos únicamente como una historia que puede grabarse y venderse, entonces, ¿Habremos vivido? ¿Habremos madurado? ¿O acaso moriremos sintiéndonos vagamentre engañados y timados por nuestra vocación de narradores?
Ya hemos visto a gente que usa la "investigación" como coartada para cometer crímenes. Winona Ryder robando en las tiendas como preparación para interpretar un personaje que roba. Pete Townsend visitando páginas de internet de pornografía infantil a fin de escribir sobre los abusos que sufrió siendo niño.
Nuestra libertad de expresión ya se dirige a una colisión con el resto de las leyes. ¿Cómo se puede escribir sobre un "personaje" violador y sádico si uno nunca ha violado a nadie? ¿Cómo podemos crear películas y libros excitantes e innovadores si únicamente vivimos unas vidas aburridas y reposadas?
Las leyes que lo prohíben a uno de conducir por la acera, oír el ruido sordo de la gente al golpear el capó de tu coche, el crujido de los cuerpos al hacer estallar el parabrisas, esas leyes son económicamente opresivas. Si uno piensa realmente en ello, prohibir el acceso a la heroína y las snuff movies es una restricción del derecho al libre comercio. Es imposible escribir libros que sean auténticos sobre la esclavitud si el gobierno hace que sea ilegal poseer esclavos.
Todo lo que esté "basado en hechos reales" es más vendible que la ficción.
(...) La mayoría de los talleres de escritura tienen una vertiente de terapia oral.
Existe la idea de la literatura como laboratorio seguro para explorarnos a nosotros mismos y al mundo. Para experimentar con una imagen pública o un personaje o una organización social, para ponerse un disfraz y reproducir un modelo social hasta que se hunde.
Hay todo eso.
Un aspecto positivo es que tal vez esa conciencia y ese registro de los que hablamos nos lleven a vivir vidas más interesantes. Tal vez así sea menos probable que cometamos una y otra vez los mismos errores. Casarse con otro borracho. Volver a quedarse embarazada. Porque ahora ya sabemos que eso generaría un personaje aburrido y antipático. Un papel protagonista femenino que Julia Roberts no interpretaría nunca. En lugar de inspirar nuestras vidas en personajes de ficción listos y valientes, tal vez podamos llevar vidas inteligentes y valientes en las que inspirar nuestros personajes.
Controlar la historia del pasado de uno, registrarla y agotarla, es un talento que puede permitirnos avanzar hacia el futuro y escribir esas historia. En lugar de dejar que la vida tenga lugar, podemos trazar nuestra propia trama personal. Aprenderemos la técnica que necesitemos para aceptar esa responsabilidad. Desarrollaremos nuestra capacidad de imaginar con más y más detalle. Podemos concentrarnos con mayor precisión en lo que queremos lograr y en lo que queremos ser.
¿Quieren ser felices? ¿Quieren estar en paz? ¿Quieren tener buena salud?
Como les diría cualquier buen escritor: abran el paquete que pone "feliz". ¿Qué hay adentro? ¿Cómo pueden demostrar la felicidad sobre la página, ese concepto vago y abstracto? No lo cuenten, muéstrenlo. Muéstrenme la "felicidad".
En ese sentido, aprender a escribir implica aprender a mirarse a uno mismo y al mundo muy, muy de cerca. En el peor de los casos, tal vez aprender a escribir nos obligue a mirarlo todo más de cerca, a ver las cosas de verdad. Aunque solo sea para reproducirlas en la página. (...)

Chuck Palahniuck.

Y me deja aún con más ganas de empezar mi carrerita en Letras.

2 comentarios:

negropiombo dijo...

Ojalá algún día te decidas, Aluza. You've got the touch, undoubtely. No sé si te vas a hacer rica, pero vas a tener muchas satisfacciones. Te lo auguro sinceramente. YFU

Bi@tch dijo...

jajajaja si, el dinero no es todo, pero como dice Woody Allen "El dinero no hace a la felicidad pero se necesita un profesional bien entrenado para notar la diferencia"
Estoy decidida... necesito organizar mis tiempos, ver cuales de las materias que ya tengo metidas me pueden servir e ir a pelearme a la uba para que me las reconozcan después de varios años.